
Por el día de los Santos Inocentes, había que estar con cuidado porque siña Dolores la de Chávez, se las gastaba a todos.
En una ocasión hizo rolón y le puso un rollo de esparto dentro y luego se lo fue a llevar a una vecina que feliz y contenta lo puso a enfriar, hasta que su marido le pidió algo con que acompañar unos vasitos de vino y el hombre muy educado partió en cuatro el postre, o al menos lo intentó,... porque cada vez que hincaba la cuchara, esta giraba en el plato como por arte de magia,... la magia que descubrió la vecina cuando a instancia de su esposo, rebuscó el rolón y encontró además del esparto la broma de seña Dolores.
"Ya esta bandida me la volvió a gastar..."
¡ Y como se las gastaba!... Un día cogió un perro de tiza que tenía unos ojos muy brillantes, lo envolvió en una papeleta y se lo llevó, ni corta ni perezosa a seño Domingo el cestero, que además de hacer todo tipo de cestos, santiguaba a los vecinos.
Pues bien, el buen hombre ante el mal que tenía el presunto infante, dejó en lo que estaba traquinando y comenzó el rezado, desmayandose una y otra vez..., diciendo:
¡"Ñohh..., este chico si que tiene aire
metido en el cuerpo..."!
¡"fuerte airón...!
Espero que ahora se le quite
y pueda dormir toda la noche...".
Mientas esto decía, doña Dolores, entre risas, descubrió el engaño y lo que seño Domingo creyó humano, se transformó en una figura de perro que incluso parecía, con esos ojos brillantes, reírse también de la broma.
Las carreras que tuvieron que dar Dolores y su acompañantes femeninas, fueron tremendas, porque el hombre en cuestión no se lo tomó muy bien, y el enfado le duró muchos años en lo que estuvo peleado".
Pinceladas del pregón de las Fiestas de La Zamora (Los Realejos) 1999.
autor: Isidro Pérez Brito.