
con la boca abierta, sin hablar;
mirando con tu único ojo la mañana,
y la tierra, y el barranco, y la mar.
Estas diciéndome que hueles a trabajo,
a lágrimas de campos maltratados
y aún queriendo volar como los pájaros,
te quedaste aquí, junto a mi lado
porque las alas estaban encallecidas,
duras, como mis dedos y mis manos,
mis manos que torpes para coger flores
pero que hábiles para manejar la azada.
“ Tiene dos labios la azada
con los que besa a la tierra,
dio la semilla a su amada
y ella parió la cosecha .”
A veces eres escarnio de los señores
porque han tenido la vida regalada
mientras a mi me tapas madrugadas
y me proteges cuando el sol me habla,
hundido en el trazado del surco que se alarga
donde luego se va a dormir la papa,
abrigada por su colcha de estiércol .
Tu, te bebes el sudor de mi frente
como si fuera un delicioso licor
en un vaso transparente,
el licor del esfuerzo repetido,
del cansancio sin apenas recompensa.
Por eso, cuando en la tasca bebo el vino
no tengo fuerzas para decir:¡ya basta!
cuando me traen de nuevo otra botella;
y subiendo el alcohol a mi cabeza
te tumbo a un lado quizás para que calles
cuando has callado, tal vez mas de la cuenta.
Solo, con lágrimas en los ojos,
llorando porque también me llora el alma,
me incorporo cuando vienen otros ojos
con una mano mas pequeña y blanca
y me dice:” vamos padre, levante,
que ya está la cena preparada;
póngase bien el sombrero
que le espera mamá en casa.
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