sábado, 3 de julio de 2010

Raúl, el amigo de las hormigas


Eran momentos vividos en años de su niñez. El sol del verano se adentraba en el ciclo otoñal e iba decayendo su esplendor en la lejanía. Y en primer termino, la casa blanqueada terrera, envuelta entre plataneras.
A Raúl, le gustaba pasar los ratos sentado en la pequeña pared de piedras que se encontraba en el patio de la casa, con sus amigas las hormigas hasta altas horas de la tarde. Allí, tomaba la taza de leche y el trozo de pan, que la madre le preparaba de merienda cuando volvía de la escuela. Pasando las tardes, en compañía de tan diminutos y traviesos seres vivos.

El niño perdía la noción del tiempo, observando el ir y venir de las hormigas. Con su ayuda y compañía se ganó la amistad de ellas. Se entretenía viéndolas en un ritual desfile de ida y vuelta, salir por uno de los agujeros de la pared y siguiendo por el bordillo de la misma, llegaban a una de las esquinas del patio a buscar víveres. En ese lugar, el niño colocaba trocitos de migas de pan, que ellas en un trabajo incansable se las llevaban, (volviendo por el camino trazado) a la despensa situada en las profundidades del hormiguero.


Estas, las llamadas hormigas obreras, Son las más conocidas pequeñas y numerosas, las encargadas de buscar comidas, de cuidar de la reina y sus crías (las que hacen el trabajo). Aprenden desde muy jóvenes a conocer el terreno, para saber buscar los víveres y volver a la colonia hormiguera.

Hormiguero es un pasadizo con varias galerías laterales, ubicado en el interior de la pared y en su final se encuentra el almacén de comidas o despensa.

Los pensamientos de Raúl cuando estaba con las hormigas, se aislaban de lo que le rodeaba y se adentraban en su mundo. Le parecía increíble y se sorprendía, ver como unos seres tan débiles y diminutos tengan tan perfecta organización y como se ayudan unas con otras.



Para comunicarse y guiarse entre ellas, para saber direcciones, donde hallar la comida, los peligros que puedan encontrar… se tocan sus cuerpos con sus antenas, por el sonido, por el olor o por la vista al pasar.

En una de esas tardes otoñales, cuando las hojas del árbol que da sombra al lugar, van cayéndose al suelo haciendo una alfombra de hojas muertas en el patio y las flores de las macetas se ponían descoloridas y a marchitases. Raúl, se sorprendía al ver que las hormigas obreras hacían el trabajo con más intensidad y prisas, uniéndoseles las hormigas más pequeñas y sonrosadas.
Entonces, quiso saber el motivo y por un momento puso el dedo en el camino e interrumpió el trabajo a las hormigas, -preguntándoles el porqué de tantas prisas-, le contestaron: que la reina del hormiguero les había ordenado, participar todas en los trabajos de almacenar el máximo de alimentos lo antes posible, porque se esperaba un invierno prematuro e intenso.

Algunas de ellas, las más jóvenes y menos expertas en seguir los pasos de las demás, se perdían y quedaban fuera del camino. Momentos en que aprovechaba Raúl y cuidando de no hacerles daño, les ayudaba a encontrarlo, guiándolas con su dedo y así volvían a estar juntas a las otras hormigas.

De la colaboración de Raúl con las hormigas obreras, le llegaron informaciones a la reina. Ella siempre permanecía en el interior del hormiguero. Se distinguía por ser la más grande y su labor era la de poner huevos constantemente, mandaba y mantenía el orden, obedeciendo las demás. Nunca estaba fuera del hormiguero, salvo algunas excepciones y era la encargada de administrar los víveres que en forma de pared iban colocando en la despensa las obreras, hasta tener la suficiente cantidad de alimentos almacenados y así pasar sin apuros el ciclo invernal.

Llegaron los días en que empezaron a caer las primeras lluvias de invierno. Raúl observó, como las hormigas se fueron quedando en el interior de la pared y dejando de salir.
Entonces, en uno de esos momentos en que el niño miraba la entrada del hormiguero, apareció la reina del hormiguero, elegantemente presumida y más grande que las otras, le acompañaban otras hormigas haciendo de escoltas. Son las llamadas hormigas soldados, de menor tamaño cabeza grande y mandíbula fuerte. Siendo su trabajo defender a la reina y triturar los alimentos duros.

La reina del hormiguero, había decidido salir fuera y antes de que empezase el largo frió de invierno, quiso conocer a Raúl por su ayuda y colaboración. De vuelta al interior, la reina le dio las gracias y le dijo adiós, esperando contar de nuevo con su compañía ayuda y amistad, cuando llegase la próxima primavera.

Muchas tardes, la madre desde dentro de la casa, observó al niño pasar los ratos en compañía de las hormigas en el patio de la casa. Por lo que al llegar las Navidades tuvo la feliz idea, de que los Reyes Magos le dejaran un libro infantil dedicado al estudio y vida de las hormigas.

Quedó tan contento del libro, que de tanto leerlo y volverlo a leer, aprendió muchas cosas de las hormigas, como:
Las hormigas obreras son todas hembras.
Algunas se pierden si le cortan el camino.
Se limpian con saliva, que se la extienden por todo el cuerpo.
Se atacan para defender su territorio.
Las hormigas obreras trabajan duro, pero también descansan. Lo que pasan es que al ser todas iguales, parecen que son las mismas las que están haciendo el trabajo de buscar comida.
Están las llamadas hormigas macho, que tienen la cabeza y mandíbula pequeña y son las que fecundan a la reina.
Las hormigas obreras, son las más pequeñas de la comunidad y más conocidas.

Así, cuando al año siguiente volvió a llegar el buen tiempo y las hormigas empezaron a salir del hormiguero, Raúl había aprendido mucho de sus vidas. De esta manera, les preparó mejor el terreno a su alrededor y el camino a seguir en el patio hasta llegar no solo a las migas de pan, sino a otros nuevos víveres que llevar a la despensa del hormiguero.



De esta manera termina esta sencilla historia, del niño que conoció y fue amigo de estos seres vivos tan pequeñitos, pero tan inteligentes y socialmente organizados en comunidad.


Dedicado a Iván Pérez Carrillo. y felicitarlo por aprobar el final de curso
Autor: Víctor Juan Pérez

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