martes, 16 de diciembre de 2008

Hablando con uno mismo( resumen de un texto del libro La Comarca de Juan de Zamora y Jorge de Grimón




En esta suntuosa cama oscurecida en barnices, vagan recuerdos hasta el clarear el día. En sus soledades está uno hablando consigo mismo, en la mesita de noche, la foto de mi María.

¡Vaya con esta tos tan molesta que se pone de madrugada!. tan pesada que no me deja dormir. Si estuviese mi María, ya estaría levantándose y yendo a la cocina a hacerme una taza de agua bien caliente y con su habitual refunfuño, me traería a la cama diciédome"¡ Ah cristiano, tómate esto antes de que se enfrie, a ver si coge el sueño y me dejas dormir!.
Y bien que me sabía aquella agua de poleo o pasote... cuando el asunto era por la barriga, la hacía de manzanilla o me daba miel con limón.

Ahora, ya no es lo mismo. Ella por ultimo decía que era bueno que uno se fuera primero, Nunca tuvo confianza en que si quedaba solo me supiese cuidar. Y la verdad es cada día la hecho mas en falta.
Afuera, los primeros ruidos de camiones que pasan por la carretera, avisan que ya empieza aclarecer el día. Antes, era el canto de los gallos lo que hacía ponerme en pie y me echaba una buena escudilla de leche con gofio, dejando comido al cochino y las gallinas antes de irme a las huertas.
Ahí mas atrás estuve visitando al medico por lo de tanto toser. Me dijo " o deja el vicio o se va a vivir al huerto". Total pa´lo que hay que ver y así sigo con mi fiel amigo".
Vamos a ver como soluciono lo de tapar los claros que hay entre las tejas rotas antes que llegue el invierno, o me estoy viendo con la bañadera y los cubos de un lado pa´otro.
¡ Vaya por Dios!, como se nublan los ojos acordándome cuando esta casa estaba llena de vida. Venían los hijos con los nietos y pasaban el fin de semana con nosotros.
Los ferringallos se entretenían corriendo por estas huertas. No faltando el brasero encendido en el patio y el vino blanco que tenia encerrado y lo sacaba pa estos menesteres, la partida de envite y así pasábamos el día en familia.

Ya no es lo mismo. Después de que se fue mi María, estuvieron los hijos y nueras un tiempo machacándome la pantana, p´a que firmara en los papeles de la casa y el fisquito de huerta que tengo detrás, por lo que podía pasarme, me decían y yo me dije pá mis adentros, "lo que les queda que esperar a que la gallina cante como el gallo". Y cuando les contesté que en Santa Rita no se me ha perdido nada, se fueron alejando y dejando de venir a verme.
-Ya está llegando el día y aquí sigo echado sin ganas de hacer nada-.

Quien iba a pensar, que se llenasen de casas y apareciesen tantas gentes a vivir a estos aledaños. Algunos son de buen tratar y buenos modales -¡pero otros!, si fuesen por ellos me echarían fuera del lugar. Se dejan decir que la casa donde vivo desentona con las de ellos.
¡Ay mi cabecita! como duele con tanto revoltillo, hasta la tos se me quitó. Pero estoy viendo que el sol entró por la ventana sin permiso.
Recordando a mi María, me apaciguo de tantas soledades. Me estoy acordando cuando abría las puertas de par en par, p´a que el sol llegase a todos los rincones de la casa. Decía que así se espantaban los malos agüeros que habrían entrado en la noche.
Mi María estaba considerada como buena curandera. Ella sabía que un niño tenía el buche virado, cuando lo estiraba sobre la mesa y le notaba una pierna mas encogida que otra. Curaba el mal de aire, sacaba el sol de la cabeza, el mal de ojo, el empacho, el susto, rezos y mas rezos p´a curar la disipela mientras cortaba una hoja de col. yo me iba pá fuera, no podia ver a esa mujer con esos lagrimales y esos suspiros.
Tenía un corazón como la copa de un pino, muy servicial con los vecinos. No me quiero acordar, cuando cogíamos las papas bonitas en el trozo de terreno que teníamos en Icod el Alto. Las dos raposas que dejábamos p´a nosotros, en lo que uno se iba p´a las huertas, ella repartía bolsitas de papas a todos los vecinos de los alrededores, quedando todos muy agradecidos. Al enterarme, las pestes me duraban unos cuanto días, que no había Dios que me hablasen.
Pensándolo bien , esto de llegar a viejo y ser quejica...no vale la pena. Y mas cuando la echadura se me está acercando...Así que me pondré en pie, pasaré la mañana poniendo en orden todo esto antes de ir a estirar las piernas. Y después la tarde la pasaré en el patio, siempre tendré alguna visita hasta que se vaya el día, que mañana vendrá otro....

autor:Victor J. Pérez
pintura: Francisco Hernández

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