Re
La familia de la Marquesa que vivían en esta finca, tenían un horno para hacer pan y así cubrir las necesidades de la familia y trabajadores. En esos tiempos, el pan se hacía para varios días.
Un día en que la persona encargada de hacerlo se ausentó por enfermedad, uno de los peones-llamado Antonio- se ofreció a hacer el pan, ya que decía que en otro tiempo había trabajado en una panadería.
Puesto de acuerdo dueña y peón para hacer el pan, quedaron para el día siguiente hacerlo, dejando al tal Antonio que preparase la masa, el horno y los menesteres necesarios.
Al día siguiente, Antonio ya estaba metido en la faena. Encendió el horno y dejó que se calentara bien. Cuando lo creyó a punto, metió el pan y mientras, esperaba impaciente intentando ver por la puerta del horno como se hacía el pan.
Cuando ya estuvo hecho, cojió la pala y lo fue sacando poniéndolo sobre la mesa, llamando a la dueña para decirle que ya estaba el pan. Una vez que se enfriaron, los pusieron en una cesta, comprobando que estaban todos llenos de hollín y que no servían para comer.
Lo que había pasado es que cuando Antonio calentó el horno, lo encendió con hojas secas de la platanera, no limpiando luego el suelo del horno y todos las cenizas que desprendió quedaron pegadas al pan.
Los demás peones se rieron de Antonio y el -cabizbajo- no decía nada.
A la mañana siguiente, Antonio se presentó al trabajo y se encontró en la entrada de la finca, los panes espetados en varias horquetas, oyendo las risas de los compañeros que le estaban asechando detrás de la pared.
Viéndose en tal burla, echó a correr y -avergonzado- no apareció a trabajar hasta la semana siguiente.
autor:Victor Juan Perez
No hay comentarios:
Publicar un comentario