miércoles, 22 de marzo de 2017

A la sombra de Tigaiga


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Había una casa pequeña
envuelta entre platanales,
en su cara se reflejaba la mar,
la cumbre le daba en la espalda.
Y por haber había, un sueño, una esperanza.

En tiempos de presagios y mordazas,
mas allá de la noche
no alcanzando el alba,
rayos de luz de luna
entran por rendijas de la ventana
iluminan al camastrillo que hace de cuna,
el niño llora -no entiende-
en el adiós, la mujer dice ¿porque?
la barca espera inoportuna,
amor mio, he de partir
mas allá de donde se besan el mar y el cielo
te prometo volver, espérame
un te quiero como consuelo.

II




Y en la casa queda
el silencio de una mujer olvidada
nostálgica espera
prometida, deseada, sumisa,
ingenuamente vivida
a la sombra de Tigaiga.



Y en un vivir por vivir sin saber nada
geranios y rosales aromatizan la casa
humedades y calores maquillan la ausencia
enredaderas y ortigales esconden pobrezas
y paranoicos amoríos alivian soledades.


De que vale un sueño, una esperanza
si el olvido, es aliado del tiempo y la distancia.
III
En una maleza impregnada de zarzales
bajo un techo azul claro,
quedan unos muros entrelazados
de barro y piedras - descolorido blanco-.
Aquí yace la espera ausente,
un hombre recuerda - llora en silencio-
barruntos de mar se escuchan
a la sombra de Tigayga.

autor: Victor Juan Pérez

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