miércoles, 22 de marzo de 2017

En la puerta de la calle

Momentos de infancia llegan
cuando la tienes que ver,
desconocida, cerrada, ausente;
sin la frescura y elegancia,
esta puerta de la calle
es recuerdo por un volver.

Su cuerpo, cubierto en piel barniz
y cerradura brillante
se ha hecho presumida
arrogante,
quisieras borrar el tiempo
y sentarte como ayer.

Siéntate en la puerta de la calle
-decía la madre-
y no te levantes mi niño
aunque te invite la calle.

Desde su trono resignado
observa ver pasar a las gente,
tentando ir más allá
del estar sentado
en la puerta de la calle.

Juega al zarandeo
de abrir y cerrarla
y en la monotonía del momento
aparece el lloriqueo
por la vestimenta de payaso
que le han puesto
para la foto del recuerdo.

Se entretiene con el gato y su juego
y la señora envuelta en riguroso negro
va camino de la Iglesia
riñéndole al pasar,
¿dónde está tu madre?, entra pa´dentro.

Vienen de la escuela los magarzones
y al pasar le hacen rabietas
quitándole la pelota de trapo
y ahora él ríe también,
deslizando el culote sollado
de un lado a otro
sentado en la puerta de la calle.

Mira para dentro
ve a la madre con un ojo en él y el otro
en el mantel de flores bordando,
pasa el borracho dando tumbos y cantando
tres caídas antes de llegar a la casa,
la vieja enfrente refunfuña
barriendo por fuera de la puerta...

Tumbada la tarde
las niñas juegan al salto de la soga
los niños al quedado,
entra para dentro y cierra la puerta
-dice la madre-
que asoman los verdes
por la carretera.

En la puerta de la calle
sentado espera un niño,
antes de que su tiempo acabe
mira lejos de su alcance,
tiempo hace que dejó de volver,

mamá no viene... ¿ya no viene él?

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