miércoles, 22 de marzo de 2017

Mi árbol





Has tenido la complexidad e influencia del ecologista,
por único esbelto y centenario
te han elevado al rango de conservación,
otros, no han tenido la misma suerte,
es por ello,
que a veces vierten tus hojas
lágrimas de ausencias.
Debes de onorgullecerte de haber sido elegido,
como patrimonio natural de la naturaleza.
Te recuerdo en la niñez,
tu verde claro y tierna frescura primaveral,
de tus espesas y frondosas ramas
brotaban florecillas de colores,
que al vaiven del brisaje parecían
bailarinas de mariposas danzantes.
Eras columpio de niños
nido de polluelos,
escondite de mirones,
cobijo de murciélagos.
En tu piel,
aun muestras heridas de esculpidos corazones
atravesados por flechas de cupido,
con nombres tallados de adolecentes,
primeros amantes en el olvido.
Y ese tupido bosquecillo,
palmerales, pinos y retamales,
que te arropaban entre húmedos barranquillos,
naturaleza divina
que daba grandeza a tu hermosura
y una paz bordeando lo espiritual.
Ultimamente, en tu deterioro ambiental
eras visitado,
por pensadores liberales, primeros cumpleaños
y refugio de amoríos en el exilio.
Árbol
sigues siendo mi árbol,
encuentro de juegos infantiles,
en tus alrededores cabían
las aventuras de mis héroes y sus hazañas,
las guerras imaginarias,
después del cine del domingo
con los amigos de infancia.
Árbol,
aunque seas legado del pasado,
envuelto en pañales
de rosales y verde alfombrado,
sigues siendo mi árbol.




autor: Victor Juan Pérez

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