
Cuatro laureles
como abanderados,
hacen de guardianes sombríos
a la fuente
de las promesas juradas.
Y un lagrimoso susurro
salpican húmedas ñameras,
donde se refugian deseos
de monedas olvidadas
selladas por secretos confesados.
Balaustres blanquesinos
te aislan de las colmenas
y racimos de geranios
guardan tus silencios.
Desde fuera
miran a tus adentros
ojos melancólicos
recordando el amanecer
de tu siempre primavera.
Cuatro palmeras exsuberantes
flanquean en tus esquinas
alcanzando las alturas
para guardar la hermosura
de tu vientre florecido.
Y este letargo ausente
que te envuelves adormecida,
te pareces a la mujer codiciada
que en el pasar del tiempo
no acepta
la perdida de los amantes
que en su cuerpo se acurrucaban.
(copla)
En la plaza de las flores
sembré el amor de mi vida,
a la plaza de las flores
volví a buscar su semilla.
autor :Víctor Juan Pérez
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